El talento se desarrolla de esta forma


Repetidamente Apuntar
a Mejores Cosas
La habilidad para adaptarse al ambiente crece. Cuando hay entrenamiento y repetición, hay cosas
buenas y cosas malas. Tanto las cosas bellas como las feas llegan a internalizarse. Esta es la regla
básica. Las cosas malas se desarrollan en un ambiente malo y las cosas feas se desarrollan en un
ambiente feo en forma totalmente inconsciente.
Los padres deberían apuntar a desarrollar cosas buenas en sus niños y pensar qué se necesita para su
felicidad. Luego estas necesidades deben proveerse repetidamente a sus hijos.
La mera repetición no es suficiente. Sólo las cosas malas y feas se desarrollan de la repetición
irreflexiva.
El Dado y el Niño
Incapaz de Aprender
Aquí hay otro caso que muestra que la felicidad desarrolla habilidad.
Había un niño en mi familia con una incapacidad para aprender. Su madre lo regañaba mucho
cuando él tenía seis años. Ella decía que él no recordaría lo que ella le enseñara. Por alguna razón él
no podía recordar los números del uno al diez.
“¿Por qué no entiendes? ¡Este es el cuatro y este es el siete!” lo regañaba ella con aspereza mientras
yo miraba.
“No hará ningún bien que se lo regañe”, advertí yo. Después de un poco de observación, me dí
cuenta que el cuatro y el siete eran números por los que el niño había sido regañado y por lo tanto él
no podía verlos claramente.
“Ey, ven y juega con tu tío”, lo llamé. Entonces hice un dado de papel y en las caras escribí sólo
cuatros y sietes.
“Juguemos a los dados”, dije, y empezamos a arrojarlo.
Salía un cuatro.
“¡Cuatro! Lo dije primero. Yo gano”, dije. Otra vez salió un cuatro.
“¡Cuatro! Gané otra vez.” En este punto el pequeño estaba determinado a probar duro. Otra vez
salió un cuatro y juntos dijimos: “¡Cuatro!”
“¡Ey, lo dijiste también!” lo alabé. Sus ojos comenzaron a brillar. El juego continuó saliendo tanto
cuatros como sietes. A veces yo decía la respuesta lentamente. A veces pretendía que no sabía la
respuesta y dejaba ganar al niño. A veces decía el número erróneo y el niño no cometía error. De
esta forma cuatro y siete llegaron a ser sus números favoritos en apenas diez minutos.
Hice que la madre escribiera los números del uno al diez y que el niño los leyera. Él decía cuatro y
siete más rápido y alzando la voz. Estos números habían llegado a ser los números mejor conocidos
y más divertidos.
El problema es cómo combinar interés y entrenamiento. Si un niño siempre es regañado sobre el
cuatro y el siete, su habilidad no crecerá. Incluso si un padre que desborda amor por su hijo usa un
mal método, la habilidad del niño no se desarrollará.

Un abrazo enorme
Anita

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Hola Anita
Muy interesante tema, quisiera compartir contigo un pensamiento que siempre me viene cuando escucho cosas como el problema del niño con los numeros, pienso que la enseñanza es generada por el placer, si no hay placer de aprender no se aprende nada, si el que enseña no esta experimentando placer al hacerlo no generará ningun interés en el niño, el niño aprende a partir de la sensacion placentera, o sea cuando está feliz y motivado por una persona que tambien se esta divirtiendo o disfrutando con el, es imposible que un niño capte nada si está incómodo, le duele algo, tiene sueño o hambre o la persona que le ensaña está fastidiada y molesta, el maestro debe ser conciente de ello,des´pues de enseñar cuarenta años a niños pequeños he llegado a esta conclusión, gracias por darme la oportunidad de compartir este diario , saludos
Luisa del Rio